http://awolfamongbears.blogspot.mx/2012/07/a-good-wolf.html

Muchas
veces he escuchado frases como “bueno, yo no soy responsable de lo que los
demás sientan” y “debo vivir en el momento”. Mucho de eso viene de libros baratos
de autoayuda que malinterpretan la ideología Budista a su conveniencia. “Dejaré
que el universo me lleve” no significa que automáticamente me libera de
cualquier responsabilidad y justifica actuar sin pensar.
Sin
embargo, he encontrado que hay una manera muy simple de identificar cuando algo
es ‘bueno’ o ‘malo’ (por llamarle así): si te avergüenzas de lo que haces, si
escondes tus acciones hasta de aquellos que son más cercanos a ti, entonces
debes pensar bien si quieres hacerlo – no por lo que vayan a pensar los demás,
sino por las razones que tienes para ocultarlo.
Por
otro lado, a veces ni siquiera nos preguntamos por qué creemos que algo está
mal. Tendemos a quedarnos con hábitos de nuestra infancia y creencias que ni
siquiera son nuestras.
Hace
un tiempo vi una conferencia en TED.com donde una lexicógrafa habla de un
concepto que llama The ham-butt problem (el problema del jamón): Cuenta que
estaba cocinando un jamón y cortó la punta como siempre lo había hecho, pero
esta vez se detuvo a pensar por qué lo hacía – esto era, por supuesto,
porque su madre siempre lo había hecho.
Así que llamó a su madre y le preguntó, a lo que ella respondió “pues, mi madre
siempre lo hizo”. Le llamaron a la abuela y la explicación fue “lo hacía porque
mi sartén era demasiado pequeño”.
¿Cuántas
creencias y hábitos mantenemos como parte de nosotros sólo porque jamás se nos
ha ocurrido que podría ser de otra manera? “No usaré rosa porque es para
niñas”, “no puedo salir con más de una persona porque está mal”, “no hablaré de
mi sexualidad porque es vergonzoso”, “no comeré eso porque es malo para mí” –
este último es especialmente divertido ya que muchos de nosotros ni siquiera
sabemos si es cierto, sólo seguimos lo que los comerciales nos dicen (los
mismos comerciales que nos dicen que usemos shampoo todos los días y cubramos
toda la cabeza del cepillo de dientes con pasta).
¿No
es esto como vivir en una casa que alguien más decoró? Por ejemplo, aún hoy en
día es difícil para mí decorar mi departamento porque nunca me había
cuestionado qué es lo que me gusta tener en mi casa. No podemos destruir la
‘casa’ o el núcleo de lo que somos, pero la decoración – las creencias, hábitos
e ideologías – podemos cuestionar, arreglar y reacomodar hasta sentirnos
satisfechos con ellas. No dar por hecho que ‘sé lo que me gusta’ hasta haberlo
cuestionado.